CARA A CARA CON EL TIBURÓN BALLENA

Para espíritus aventureros que no le temen al mar

El tiburón ballena es el pez más grande del planeta. Aunque a primera vista su tamaño impresiona (puede llegar a medir más 12 metros de largo), estos gigantes del mar son criaturas gentiles que se alimentan solo de plancton y otros pequeños organismos.

 

Para aquellos con espíritu aventurero que no le temen al mar, una excursión para conocerlos de cerca puede ser una gran experiencia, siempre y cuando se haga con respeto y a través de una compañía responsable y especializada en este tipo de paseos. 

 

Dónde están

Aunque aún se desconoce mucho sobre los hábitos migratorios de estos espectaculares y afables tiburones, el Caribe mexicano tiene el privilegio de recibirlos cada verano, entre los meses de julio y septiembre, en su paso en busca de aguas cálidas para alimentarse.

 

Encontrarlos no siempre es fácil. El recorrido se hace en botes pequeños de 10 pasajeros, mas tripulación, saliendo desde Cancún o de la Isla Holbox, muy temprano por la mañana. Dependiendo del estado del mar, el viento y algunos otros factores, puede esperarse un viaje algo movido de aproximadamente dos horas en cada dirección. 

La experiencia

Nadar con el tiburón ballena significa más bien correr tras de éste tan rápido como las piernas permitan patalear en el agua. El momento preciso es cuando suben hacia la superficie para alimentarse, abriendo de par a par sus enormes bocas hasta quedar satisfechos. Sentados en el borde del bote, con el equipo de snorkel bien ajustado, uno se alista para saltar al agua instantes antes de que el tiburón pase, delatado por sus característicos puntos blancos sobre lo obscuro de su figura. Una vez en el agua, es fundamental ubicarse lo más pronto posible y empezar a moverse en la misma dirección del pez para apreciar toda su belleza y la singular gracia con que se mueve.   

 

Mi primera vez logré nadar hasta quedar al par su cabeza, haciendo contacto visual con él por un momento que me llenó de ternura y de respeto a la vez. Me sentí tan emocionada que decidí saludarlo con un movimiento de mano, ante lo cual continuó su trayecto, indiferente, abriendo la boca de algo así como un metro de ancho, y dejándome ver las filas de dientes que afortunadamente no usa para comer.     

     

Mi segunda vez fue la mejor. Mi tiburón empezaba a sumergirse tras saciarse de comida, lo que me permitió nadar justo por encima de él, con los brazos extendidos en forma de "T", regalándome unos momentos de una paz singular.   

El tiempo pasa rápido cuando se tiene la oportunidad de nadar con los tiburones ballena, pero la experiencia perdura mucho después de que el viaje termina. Mi encuentro con ellos me hizo apreciar su belleza y maravillarme ante su gentileza. También me recordó que es necesario protegerlos de la explotación irresponsable y del posible mal trato. Aunque hoy en día las actividades que involucran al tiburón ballena están reguladas por las autoridades náuticas mexicanas, es fundamental elegir una empresa autorizada para ofrecer este tipo de experiencias de manera consciente y respetuosa del medio y de sus habitantes.

 

Cómo hacerlo

  • La temporada para nadar con el tiburón ballena en México es sólo de julio a septiembre, y muy popular. Reservar con anticipación permite sacar el mejor provecho de un viaje a la Riviera Maya, con todo lo que tiene que ofrecer este hermoso destino

  • El recorrido toma horas de exposición continua al sol. Es importante llevar un sombrero ajustado, gafas de sol, camiseta de manga larga y una toalla para cubrirse las piernas. Aunque se recomienda su uso, los protectores solares biodegradables no protegen completamente del sol

  • Es buena idea tomar Dramamine o algún otro remedio para evitar el mareo en mar abierto. El té de jengibre también ayuda a evitar el mareo

  • Aunque se trata de una aventura memorable, no es para todo el mundo. Hay que saber nadar, tener buena condición física y no tenerle miedo al mar

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